El 15 de diciembre de 1847 el jefe del ejército norteamericano Gral. Winfield Scott, ordenó  la ocupación militar del país y unos días después el 29 de diciembre de 1847, una columna de unos 600 soldados norteamericanos, al mando del Corl. William T Withers, llega a Pachuca alojándose en el Convento de San Francisco.

 

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Biografía de Don miguel Hidalgo y Costilla

Alejandro Villaseñor y Villaseñor (Miguel Hidalgo, México, editorial imprenta “El tiempo” de Victoriano Agüeros 1910)

Ha llegado a ser la figura principal de la insurrección y el símbolo de ella; su fama ha obscurecido la de todos los que militaron con él ó á sus órdenes y se ha conseguido hacer de él el primer Héroe de la Independencia. Los intentos, débiles por cierto, de la crítica, para analizar su obra pública y darle la recompensa que merece ó vituperarlo por sus faltas, se ha estrellado ante el fanatismo de ciertos partidarios que lo han declarado Intangible y que discuten a todos menos a él. Dadas estas circunstancias y la oportunidad en que se escribe esta biografía, no se espera un estudio crítico y completo de la vida y hechos del Cura de Dolores, sino únicamente una relación de sus actos, acompañada de escasas observaciones cuando fuere indispensable y la rectificación de algunas de las muchas inexactitudes que se han escrito acerca de la vida de una personalidad tan notable en la historia de México, como lo es Don Miguel Hidalgo y Costilla.

Nació Hidalgo el 8 de Mayo de 1753, en el Rancho de Corralejo, jurisdicción del Obispado de Michoacán; sus padres eran parientes lejanos entre si y nacidos en puntos muy opuestos. Don Cristóbal, padre del Cura, nacido en Tejupilco, pertenecía a una familia allí radicada desde principios del siglo XVII; las circunstancias lo llevaron a la provincia de Guanajuato, donde desde la conquista vivía la familia de la que fue su esposa, Doña Ana Gallaga y Villaseñor, la que a la sazón era una huérfana que muertos sus padres y abuelos vivía con unos tíos suyos. Se ha fantaseado sobre la manera como trabaron conocimiento los futuros esposos pero sin fundamento, porque ese conocimiento nada tuvo de extraordinario ni de romántico. Don Miguel fue el segundo de sus tres hermanos y quedo huérfano de madre en muy temprana edad; el casamiento de su padre con Doña Gerónima Ramos, hizo que los cuatro hermanos fuesen a vivir con su tío abuelo el Bachiller Don José Manuel Villaseñor, cura de Coeneo, hermano de Doña Joaquina Villaseñor de Gallaga, abuela de los Hidalgo. El citado bachiller se encargo de la educación de sus sobrinos, y á los cuatro dio estado: á los mayores Don José Joaquín y Don Miguel, los envió a estudiar a Valladolid, y allí se ordenaron de sacerdotes ; Don Manuel Mariano hizo sus estudios de abogado en México, donde quedó radicado y casó con Doña Gertrudis Almendaro; el último, Don José María, fue Bachiller en Artes en 1780, pero no habiendo querido continuar sus estudios, se dedicó al campo, radicándose en Pénjamo, donde se casó con Doña Sebastiana Villaseñor, y donde vivía en 1810, según consta en documentos fehacientes que tenemos.

Don Miguel Hidalgo, estudio en el colegio de San Nicolás, de Valladolid. A los doce años, y a los diez y siete vino a México a recibir el grado de Bachiller en artes, el 30 de marzo de 1770; su hermano mayor recibió el grado a su vez al día siguiente: tres años después, el 27 de Mayo de 1770, ambos hermanos se graduaron de Bachilleres en filosofía; su profesor fue Don Joaquín Menéndez Valdés. Don Miguel continuó sus estudios en y 1783 estaba en disposición de recibir los grados de Licenciado y Doctor como lo hizo su hermano Don José Joaquín, pero algún incidente que le ocurrió le impidió realizar su propósito. Las fechas en que recibió las órdenes sagradas y cantó su primera misa Don Miguel, son fáciles de averiguarse y el que esto escribe declara con toda franqueza que si no lo ha conseguido ha sido únicamente porque no ha podido disponer de tres o cuatro días que necesita emplear en la gestión.

Hidalgo hizo brillantes estudios, y además de ellos aprendió el Tarasco y algún otro idioma Indígena, lo que le sirvió mucho cuando fue Cura de Almas; sus compañeros le llamaban “El Zorro,” por la astucia de que daba muestra. Terminando sus estudios siguió viviendo en Valladolid, y consta que en 1785 era catedrático de prima de Sagrada Teología, puesto que obtuvo por oposición. Se afirma que también fue Rector de San Nicolás cuando Morelos hizo allí sus estudios, si esto queda aprobado, resultará que en 1793 ó 1794 continuaba aún en Valladolid, pues por entonces ingreso Morelos al Colegio, pero nos parece algo difícil que haya sido así, pues Hidalgo no permaneció tantos años en Valladolid, a causa de las dificultades que tuvo por la rectoría del Colegio, y en ese tiempo era Cura de San Felipe.

Algún tiempo anduvo por Tajimaroa y otros pueblos del Sur de Michoacán; también sirvió el Curato de Colima, como ha quedado últimamente comprobado: la independencia de sus ideas, fue causa de las diferencias que tuvo con sus superiores y del proceso que en 1780, le formo la inquisición; se le encomendó la Parroquia de San Felipe, donde permaneció desde 23 de Enero de 1793 hasta 14 de Enero de 1800, en que por el proceso en que hemos hablado, se le suspendió por algún tiempo. Abjuró sus errores, se reconcilió con la iglesia, y por la muerte de su hermano Don Joaquín, se le encomendó el Curato de la Congregación de Los Dolores el 3 de Octubre de 1803.

Dedicado al estudio adquirió una vasta ilustración, muy superior a la de aquella época; sabía el francés, lo que era rarísimo entonces, y no había olvidado sus ocupaciones agrícolas de la infancia. En su Curato estableció una fábrica de loza, formó una banda de música, Procuró fomentar la cría del gusano de seda, plantó unas moreras que aún se conservan e hizo otras mejoras. Por razón de sus lecturas, insensiblemente se fue volviendo enemigo de la dominación española, y como todos los criollos de entonces, estaba deseoso de que terminara. A él más que a otros, impresionaron los sucesos ocurridos en España en 1808 y dispusieron su ánimo a pensar en un cambio de gobierno; sin embargo en su curato poco ó nada podía hacer, por lo reducido del campo donde accionaba; pero la invitación de su pariente el cura de Huango Don Manuel Ruíz de Chávez para tomar parte en la conspiración de Valladolid, le revelo la existencia de otros hombres que tenían las mismas aspiraciones que él. Desde entonces contrajo amistad con Allende, sobre el que adquirió el ascendiente que las canas, la ciencia, la experiencia y el carácter sacerdotal dan sobre la juventud; hizo entrar en el complot a Aldama, se relacionó con la junta de Querétaro y empezó a hacer propaganda á su proyectos; que esta propaganda era extensa, lo prueban los conatos de seducción de los oficiales y sargentos que mandaban los Cuerpos acantonados en Guanajuato, la correspondencia que sostenía con Morelos y otras circunstancias.

Fabricó lanzas en Santa Bárbara, se preocupó bastante del capítulo de recursos, como lo prueba la resolución que adoptó, de secuestrar los bienes de los europeos, y si llego a figurarse que vería triunfar la causa por la que iba a combatir, es probable que formase el plan embrionario de gobierno a que hace alusión Alamán, y que este plan tendiese al establecimiento del sistema republicano, único que había producido las dos últimas revoluciones ocurridas en el mundo; la de 1775 en Estados Unidos y la de 1789 en Francia, cuya historia es probable que conociera el Cura de Dolores. Contaba con empezar la revolución el 1o. de Octubre de 1810, en cuya fecha se levantarían simultáneamente, Dolores, San Miguel, San Felipe, Querétaro y algunas otras poblaciones, y es probable que aunque tuviera fe en su empresa, nunca creyera que en pocos días había de contar con un ejército de cien mil hombres.

Los sucesos se precipitaron y su resolución de empezar la revolución con los elementos con los que contaba, le dieron el primer puesto entre los caudillos independientes y las promociones de Celaya y de Acámbaro se lo confirmaron, haciéndolo Generalísimo de las tropas insurgentes, a las que sin embargo no podía guiar a la victoria por carecer de conocimientos siquiera rudimentarios en el arte militar. Bajo este concepto puso su confianza en gran parte en Allende, que era á quien correspondía, pero no dejo de otorgarla a Aldama, y sobre todo a Jiménez, que es el que aparece en el carácter de cuartel maestro del ejército.

En San Miguel, Guanajuato, Valladolid, y Guadalajara, hizo aprehender a los españoles y si bien respecto de muchos dió órdenes de que fuesen muertos, respecto de otro no la dió, y solo es responsable de su debilidad con los feroces asesinos Marroquín y secuaces que materialmente se ensañaron con los indefensos prisioneros. No aparece de los antecedentes de Hidalgo que fuese de instintos sanguinarios, y por lo mismo llama la atención que ordenase o permitiese esos asesinatos, y su conducta sólo puede atribuirse á que tuviese algún grave resentimiento que vengar en ellos, lo que no es creíble, ó que creyese necesario su exterminio para asegurar el triunfo de la causa por que combatía. Si se atiende a que los españoles eran los dominadores y a que estaban acostumbrados á mirar con desdén y hasta con desprecio a los hijos del país, sobre todo en las poblaciones pequeñas, que era en las que el caudillo había pasado la mayor parte de su vida, debe creerse que esos asesinatos fueron ordenados más que por espíritu de venganza, por el carácter de medidas políticas. Sin embargo, ni aun así son excusables. Que tenía ideas de orden, lo demuestra haber dejado a los Ayuntamientos sus atribuciones y ser ésta la única institución que no trató de desquiciar. La fundación de la casa de moneda en Guanajuato, la supresión de tributos, estancos y de la esclavitud, así como otras medidas que dictó y que aunque fueron en corto número, indican que tenía buenas intensiones e ideas propias sobre determinados asuntos.

Salido de San Miguel, no se dirigió directamente sobre Guanajuato a Querétaro como parecía indicado, sino que siguió para Acámbaro, de donde al fin se resolvió a encaminarse á la primera de las citadas poblaciones; la actitud de Calleja parece que fue la causa de éstas vacilaciones y el deseo de que se le viese rodeado de prestigio ahí donde tanto se le conocía, el que lo hizo que se dirigiese a Valladolid antes de tomar resueltamente el camino de México. Después de la batalla de las Cruces se negó resueltamente a ocupar la capital, alegando la falta de municiones y la proximidad del ejército de calleja. Lo primero no debía arredrar a un caudillo que acababa de hacer una marcha triunfal y de improvisar un gran ejército sin tener municiones ni un solo cañón, y lo segundo no era obstáculo, pues entre esperar a Calleja en campo raso y esperarlo dentro de una ciudad abundante en recursos, la vacilación no podía durar mucho.

Aún en el supuesto de que por el ataque de aquel jefe se viesen los insurgentes obligados a desalojar la ciudad, ya la habían ocupado, haciendo huir o aprisionando al Virrey y principales autoridades, trastornando el régimen colonial, haciéndose de inmensos recursos y prestigiando grandemente la causa con la ocupación. Acaso el ejército de Calleja, que aún no recibía el bautismo del fuego, se hubiera negado a combatir y hábilmente conquistado con dadivas se habría pasado a los insurgentes o hubiera sido obligado a retirarse muy mermado; la independencia quedaba casi hecha y se hubiera evitado la larga lucha de once años. En cuanto al saqueo a que estaba expuesto México, “no es verosímil que arredrase a Hidalgo la perspectiva de él y del desorden que se seguiría a su entrada, cuando consideraba esto como un mal necesario e irremediable, “dice Gustavo Baz, uno de los biógrafos de Hidalgo.

La precipitada retirada después de la victoria de las Cruces, hizo que los ejércitos insurgentes y realistas tropezasen materialmente el 6 de Noviembre en Aculco, donde el primero se desvaneció como el humo, y al desaparecer dejo ver la desunión de sus principales Jefes; ya hemos visto que Allende con los principales militares se dirigió a Guanajuato para defender la Ciudad, que creía digna de ser la capital del mundo; Hidalgo, por su parte, se encaminó a Valladolid, donde llego tres días después de la derrota de Aculco. Permaneció varios días levantando fuerzas pues pensaba hacerse fuete allí, pero al tener noticia de la ocupación de Guadalajara por Torres, salió inmediatamente y llego a la capital de la Nueva Galicia el 26 del mismo Noviembre. Allí se le reunió Allende, derrotado en Guanajuato, y los demás generales, y todos afectando olvidar sus pasadas discordias, trataron de sacar de la plaza los recursos necesarios, y de organizar un gobierno, a iniciativa de Don Ignacio Rayón.

La batalla de Calderón se dio a voluntad expresa de Hidalgo que tenía fe en la victoria y después de ella esperaba no pulsar dificultades para llegar a México; para ello se trajeron de San Blas muchos buenos cañones del arsenal, se reunió bastante gente de la provincia, se fabricó pólvora, etc. Como ya hemos visto tres veces, estuvo a punto de declararse la victoria por los insurgentes, pero al fin fueron derrotados y se vieron obligados a huír. Hidalgo tomó rápidamente el camino a Aguascalientes, y en el camino se le unió Iriarte, que no pudo llegar oportunamente a Calderón; en la Hacienda del Pabellón lo alcanzo Allende y los demás jefes, y después de una escena violenta en la que se hicieron mutuas recriminaciones, el Generalísimo abdico verbalmente el poder, y desde aquel momento siguió en el ejército sin carácter oficial alguno. De Zacatecas se retiraron los jefes a Salinas, con ánimo de llegar a Saltillo, y en Matehuala se adelantó Allende, con el objeto de batir las fuerzas que los amenazaban; dos o tres días después salió Hidalgo, acompañado de sus mozos y de Marroquín. Por el camino recibió el ofició de Cruz en que le ofrecía el indulto; Hidalgo y Allende lo contestaron negándose a cualquier arreglo que no tuviese por base la libertad de la nación.

Al resolverse el viaje a los Estados Unidos, parece que Hidalgo, por lo que declaró en su causa, no tuvo voz ni voto; sin embargo, alguna participación tuvo en el proyecto, como lo demuestra el consejo de hacerse acompañar de un misionero del colegio de Guadalupe, y las credenciales y nombramientos que en unión de Allende firmó para el Lic. Aldama, nombrado embajador, y para Rayón, Licéaga y Arrieta, quienes quedaron con el mando del Ejército. Desde Saltillo emprendieron directamente el viaje por Monclova, para llegar á cuya población tenían que pasar por Acatita de Bajan, lugar donde, como es notorio, cayeron en poder el traidor Elizondo, que los entrego a Salcedo para que los llevasen a Monclova, y de ahí los remitiesen a Chihuahua, donde se les formó causa, por ser la residencia de las autoridades superiores de la región llamada “Provincias internas.”

El 21 de marzo de 1811 fue la prisión de Hidalgo; el 26 salió de Monclova para Chihuahua, á donde llego el 23 de Abril; el 25 se nombró al Juez de la causa y el 7 de Mayo rindió su primera declaración el preso. La importancia de este y lo numeroso de las causas que el Consejo de Guerra tenía que instruir, hicieron que el proceso del Cura de Dolores tardase algún tiempo, y después, cuando los militares y aún muchos paisanos habían sido ya fusilados, él conservo la vida, gracias a su carácter sacerdotal. La justicia eclesiástica intervino en el proceso y dejó pasar algunas semanas en decidir si el preso debía ser llevado a Durango, donde residía el Obispo, o no; degradado al fin Hidalgo el 27 de Julio, fue entregado á justicia ordinaria, que ejecutó en él la sentencia de muerte el 30 del mismo mes. Un tarahumara fué el que separo el tronco de la cabeza, que debía ser colocada, como se hizo, en un ángulo de Granaditas.

La causa que se formo a Miguel Hidalgo ha servido para que en su contra se formulen cargos tremendos ó se hagan panegíricos exagerados, sin fundamento en concepto nuestro, pues allí no debe verse más de la situación angustiosa a que se hallaba reducido un hombre que vé la muerte cercana; era natural que tratase de disculparse siempre, que encontrara oportunidad de hacerlo, que estuviese arrepentido de muchas de sus acciones durante la revolución, y que no pensase ya más que en lo próximo que para él estaba el momento en que iba a comparecer ante Dios. Así, pues, no deben buscarse en esa causa señales o huellas de debilidad o de firmeza, ni capítulos de acusación ó de alabanza. Únicamente debe verse como un documento histórico digno de consultarse, por las noticias que contiene. Su análisis no quitara ningún ápice de la reputación que Hidalgo tiene adquirida, ni tampoco servirá para aumentarla, y al deplorar que su gloria de iniciador de la Independencia de México tenga algunas sombras, no se debe procurar que éstas se extiendan hasta opacar aquélla; ni tampoco empañarse en limpiarla tanto que se llegue a quitar todo el mérito á los que tanto ó más que él ayudaron a la causa de la Independencia.