El 15 de diciembre de 1847 el jefe del ejército norteamericano Gral. Winfield Scott, ordenó  la ocupación militar del país y unos días después el 29 de diciembre de 1847, una columna de unos 600 soldados norteamericanos, al mando del Corl. William T Withers, llega a Pachuca alojándose en el Convento de San Francisco.

 

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En esta sección se consignan los hechos acaecidos en la hoy entidad hidalguense a lo largo de los 200 primeros años de nuestra vida independiente, aun cuando el Estado se creó 48 años después, casi medio siglo. (primera parte).

 

EL MÉXICO INDEPENDIENTE
EL EXTENSO ESTADO DE MÉXICO.


Las condiciones del país pronto hicieron notar que la independencia de la nueva nación se había dado tan sólo en el terreno político, mas no en el económico y social, pues la situación seguía como hasta antes del 27 de septiembre de 1821; los españoles continuaban como propietarios de las grandes haciendas agrícolas, ganaderas y mineras, de los más importantes centros de comercio y hasta de las pocas industrias existentes entonces, mientras que indios y mestizos, permanecían en condición de asalariados y marginados de la política y la economía.


Durante los primeros días de vida independiente, a fin de redactar la Constitución del nuevo país, se integra un Congreso Constituyente, al que se encargó determinar la forma de gobierno que debería adoptar la nación. En su seno se reunieron representantes de los grupos económicamente poderosos que insistían en establecer una monarquía y respaldaban a  Agustín de Iturbide como soberano; Otros, representantes de la clase media, sostenían ideas liberales de influencia francesa y norteamericana se inclinaban por un sistema republicano y democrático, como el de los Estados Unidos.


La Junta Provisional Gubernativa,  de la que por cierto formó parte el tercer Conde Regla, redactó el Acta de Independencia y al mismo tiempo designó para gobernar temporalmente a una regencia de cinco personas.


Como Iturbide presidía ambas instituciones gubernativas y el grupo de conservadores partidarios de la monarquía era mayoritario, presionaron al Congreso, quien aceptó no sólo esa forma de gobierno sino también a Iturbide como emperador de México.


Los exagerados gastos del gobierno iturbidísta y su impotencia para resolver los problemas fundamentales del país, ocasionaron su caída y destierro a raíz del triunfo del Plan de Casa Mata, encabezado por Antonio López de Santa Ana, que en estas tierras fue secundado por don Pedro Espinosa, al  proclamar en Pachuca  la República.  Al triunfo de aquella revolución se designó provisionalmente para gobernar al país a un triunvirato compuesto por los generales, Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria y el español Pedro Celestino Negrete.


En su salida de México al destierro, Iturbide permanece en Tulancingo del 3 al 20 de abril de 1823, escoltado por las fuerzas del general Nicolás Bravo, en esta ciudad, se le recogió una imprenta y se encarceló a varios oficiales y eclesiásticos que le acompañaban, los cuales fueron remitidos a la prisión de Perote(*).


Después de estos acontecimientos se volvió a reunir el Congreso que aprobó la primera Constitución mexicana, el 4 de octubre de 1824, mediante la cual se adoptó como forma de gobierno a la Republicana, bajo el principio de división de Poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial), así como un sistema federal integrado por diecinueve Entidades libres y soberanas.


El territorio del actual Estado de Hidalgo formó entonces parte del extenso Estado de México, que abarcaba desde las costas del Pacifico, hasta los límites con el estado de Veracruz. Difícil resultó desde un principio gobernar una entidad de tan grandes proporciones, debido principalmente a que las rudimentarias comunicaciones, por un lado marginaban a muchos poblados de los actos de gobierno y por el otro prohijaban un clima de inseguridad extrema, dada la proliferación de salteadores de caminos y aún de poblaciones indefensas y alejadas de las ciudades importantes.

(*) Trueba Alfonso. “Iturbide un destino Trágico”. Editorial Jus. México 1955. Pág. 190


Los conflictos entre liberales (partidarios de que México siguiera como una república federal), y conservadores (ahora partidarios de una república centralista, compuesta por departamentos dependientes directamente del Presidente), continuaron en los años siguientes. Uno de ellos, tuvo lugar en la región de los llanos de Apan, donde el 30 de diciembre de 1827 Manuel Montaño, administrador de la hacienda del rico tulancinguense Ignacio Torres Adalid, lanzó el Plan de Tulancingo, por el que se rebeló contra el gobierno del Presidente Guadalupe Victoria(1). El general Nicolás Bravo que simpatizaba con algunos conservadores de esa región, se adhirió a este Plan y se dirigió a la ciudad de Tulancingo hasta donde fue perseguido por el general Vicente Guerrero que militaba en el partido liberal. Tulancingo fue atacada el 6 enero de 1828 derrotando rotundamente Guerrero a Bravo, quien fue condenado al destierro del país. Esta batalla si bien no reportó arriba de 5 muertos, costó a Tulancingo la destrucción de varios edificios.

Unos días antes, el 20 de diciembre de 1827, el presidente Guadalupe Victoria, había  decretado la expulsión de todos los españoles radicados en México, que estuvieran en los siguientes presupuestos: que pertenecieran al clero regular (frailes); los notoriamente desafectos a la independencia y todos aquellos que el gobierno considerase peligrosos. La medida ocasionó la emigración de un buen número de peninsulares y con ellos la salida de grandes sumas de dinero, pues en su mayoría  los expulsados fueron dueños de importantes comercios, industrias y empresas agrícolas que al ser abandonadas crearon un verdadero desequilibrio económico. Tal situación se sintió  en lugares como Pachuca, donde había muchos mineros españoles y en Tulancingo, Actopan y Tula donde eran propietarios de comercios, haciendas y pequeñas industrias.

(1) Zavala Lorenzo de “Ensayo Histórico de las Revoluciones en México de 1808 hasta 1830. Secretaría de la Reforma Agraria. México 1981. Tomo II.  Pág... 35.

Sims Harold D. “La Expulsión de los Españoles de México (1821-1828) Editorial Fondo de Cultura Económica. México. 1984. Primera reimpresión Pág. 138

UNA AVENTURA INGLESA

Desde principios del siglo XIX las minas de Pachuca y Real del Monte, habían disminuido ostensiblemente su producción, situación que empeoró aun más durante el periodo de la lucha insurgente y continuó en ese ritmo durante los primeros años del México independiente, debido a la falta de empresarios que invirtieran en su restauración y de operarios que las trabajaran. En esos años, más del cincuenta por ciento de las minas fueron  abandonadas por completo y otras tan sólo eran aprovechadas a un diez por ciento de su capacidad productiva.


Aunque la explotación de los minerales estaba en manos de particulares, el gobierno mexicano disidió intervenir a fin de reactivar esta importante rama económica, fuente de trabajo para muchos operarios, y  de impuestos para el estado mexicano.


Por tal motivo se pusieron en práctica varios proyectos de inversión en el extranjero a fin de atraer capitales de otros países para  rehabilitar y trabajar las minas abandonadas. De modo que se anunciaron diversos tipos de facilidades, para que los propietarios de fundos extractivos buscaran apoyos en el extranjero.
Dueño de la mayoría de las minas más importantes de la comarca, el tercer conde de Regla, nieto de Pedro Romero de Terreros, apoyado en la nueva política del gobierno mexicano, se trasladó a Europa, donde años atrás había ya solicitado a don José Rodrigo Castelazo, escribiera un opúsculo sobre las condiciones que guardaban sus minas en Pachuca y Real del Monte, las que fueron descritas con exactitud en el “Manifiesto De La Riqueza De La Negociación De Minas Conocida por La Veta Vizcaína”, escrito y publicado en 1820, en el que se señalaba entre otras cosas que, “....El torbellino espantoso de la insurrección, paralizó enteramente estos giros (mineros) desde el año de 1812, hasta el presente de 1820 y apenas ha permitido la conservación de algunas obras antiguas y el establecimiento de otras modernas, sin permitir evitar la ruina total de la mayor parte de las primeras”(4)


(4) Castelazo José Rodrigo. Manifiesto De La Riqueza de La Negociación De Minas, Conocida por La Veta Vizcaína” México 1920, Casa de Ontiveros. Pág. 12

 

Un año después, se embarcan en la Rubia Albión 123 trabajadores más, de los que por cierto 20 mueren antes de llegar a Real del Monte. Sin embargo entre 1826 y 1828 arribaran otros 52 operarios sajones, dispuestos a reactivar la minería de la comarca.    


Real del Monte en la primera mitad del siglo XIX

No obstante las adversas circunstancias, el tercer conde consiguió interesar a un grupo de inversionistas ingleses, para adquirir sus propiedades mineras. La transacción fue realizada en principio con la empresa “Robert Staples Company” pero más tarde la operación fue transferida a Thomas Kinder, quien asociado con John Taylor, logró reunir un capital considerable para invertirlo en las explotación de las minas de Real del Monte, a través de la que se denominó, Compañía de Caballeros Aventureros de las minas de Pachuca y Real del Monte(5). El primer grupo, compuesto por 15 técnicos ingleses, comandado por James Vetch, arribó a México el 11 de junio de 1824. La situación de la comarca entonces empobrecida y casi despoblada, es descrita por así aquellos pioneros, “....llegamos a Real del Monte o más bien al lugar donde esta población existió alguna vez, porque ahora tienen el aspecto de una aldea saqueada por una horda de cosacos o de algo todavía más desolado”(6) .

La minería en Europa y particularmente en la Inglaterra de la Revolución Industrial, había alcanzado a principios del siglo XIX un gran desarrollo, en tanto que la de nuestro país permanecía en estado casi rudimentario; por ello la compañía inglesa se vio obligada a inyectar fuertes sumas de dinero a fin de adquirir maquinaria moderna e implantar una mejor logística en los sistemas  de explotación y beneficio de minerales. Una dificultad a vencer era la inundación de la mayoría de los socavones, para ello fueron adquiridas en Inglaterra nueve gigantescas bombas de vapor, cinco para bombeo, dos para molinos de pisones y dos para aserradero, además de herramientas diversas, embarcadas en  cuatro navíos: El Corrier, El Melponene, El General Phipps y El Harriet, que llegaron a Veracruz, durante el verano, lo que obligó a esperar hasta el invierno para iniciar su transporte a Real del Monte, A fin de llevar al cabo el traslado de todo este material, que sumaba unas 1500 toneladas, fue necesario ampliar algunos caminos y abrir otros en sitios montañosos o selvático; construir carros especiales para su transporte y  comprar infinidad de animales de tiro para jalarlos. El viaje duró aproximadamente un año en el que se recorrieron unos cuatrocientos kilómetros. Finalmente en mayo de 1826, las maquinas y enceres estaban ya en Real del Monte. Todo esto sirvió para que en poco tiempo los túneles inundados quedaran libres de agua y se pudieran iniciar los trabajos

(5) Randall W. Robert. Real del Monte una empresa Británica en México. Editorial Fondo de Cultura Económica. México 1977. Págs.  48 a 50

(6)Randal W. Robert. Ob. Cit. Pág., 59


Trayectoria de la transportación de la maquinaria de vapor traída por los ingleses de Veracruz a Real del Monte

A lo largo de los veinticinco años que permaneció en la comarca la compañía sajona, ocuparon el puesto de Comisario en Jefe  los señores James Vetch, de junio de 1824 a junio de 1827; Charles Tindal, de julio de 1827 a julio de 1832; John Rule, de julio de 1832 a marzo de 1843; William Rule, de marzo de 1843 a  noviembre de 1847 y John Buchan, de diciembre de 1847 a octubre de 1849, durante todo este tiempo, aunque trajeron consigo moderna maquinaria y a muchos experimentados técnicos mineros, los cuantiosos gastos, la empresa no pudieron ser recuperados en virtud de que los costos de transportación de la plata hasta Inglaterra elevaban mucho los precios de producción. En este contexto, las acciones de la Empresa que en 1824 tenían un precio de 1,479 libras esterlinas,  habían disminuido en 1847 a 1. 88 y a 0. 63 a principios del año siguiente(7), por lo que la empresa se vio obligada a vender sus propiedades a una compañía mexicana. El 5 de noviembre de 1849, La sociedad compuesta por los señores Manuel Escandón y Nicanor Beistegui a nombre  de  la  Tabacalera  Mexicana;  Manuel Belangé por parte de la  Casa de Moneda y el propio John Buchan suscribieron 350 acciones, correspondiendo a los primeros un total de 100; al segundo 95 y el último a nombre personal, solo 5, ya que se había constituido como socio industrial. Las 150 acciones restantes fueron puestas a la venta para quienes desearan participar en la sociedad(8).


(7)Randall W.R. Ob. Cit. Pag.99

(8) Menes Llaguno Juan Manuel, Vergara Vergara José y Cravioto Muñoz Rafael. “Tempo de Pachuca. Periódico retrospectivo. Universidad Autónoma de Hidalgo. Pachuca 1989 Primera edición Facsimilar Pág. 4 del periódico No.7

 

Acción de la Compañía Mexicana Real del Monte y Pachuca
La  presencia   inglesa   influyó   de   manera   sustancial  en  la  comarca  de  Pachuca  y  Real del    Monte,  La  religión,  el  idioma,  la arquitectura el idioma, la arquitectura funcionalista y las costumbres traídas por los sajones, se hicieron pronto patentes en el paisaje y la conducta de los pobladores de la comarca Así se establecieron en esta comarca los primeros templos metodistas y surgieron los primeros adeptos de esta religión, se practicaron deportes  desconocidos entonces, como el críquet, el golf, el tenis, el polo y el fútbol soccer,  jugados en Pachuca antes que en otros puntos de México. Tampoco pueden soslayarse de entre los legados sajones los derivados del arte culinario como los bocadillos llamados “pastes” que a la fecha son significativos y típicos de esta región.


Aunque la empresa sajona concluyó sus trabajos entre 1848 y 1849, muchos ingleses permanecieron aquí con sus familias y siguieron trabajando como técnicos en las minas.

 

 

 

 

INTERVENCIÓN NORTEAMERICANA

Hacia mediados del siglo XIX la actitud expansionista del gobierno norteamericano, había  logrado tras diversos ardides, que Texas obtuviera su independencia de México en 1836 y más tarde en 1844, su anexión. No conformes con ello, los norteamericanos, iniciaron tres años más tarde, una cruel e injusta invasión a nuestro territorio  a través de varios puntos. Uno de ellos fue la zona de Tampico,  ubicada casi en los límites de nuestra entidad, motivo por el cual el General López de Santa Ana, envió en mayo de 1847, al general Francisco Garay a Huejutla a fin de detener a los invasores. Un mes más tarde llegaban  a esa ciudad de la Huasteca, doscientos prisioneros norteamericanos aprehendidos por las fuerzas nacionales con el fin de que fueran custodiados por el por el general Garay. Enterados de lo anterior el ejército invasor envió de inmediato fuerzas bien armadas para libertar a sus paisanos y de paso tomaran esa población. Garay, al darse cuenta de estos movimientos, decidió trasladar a los prisioneros a la inhóspita Sierra Gorda, custodiados por ochenta soldados de los batallones de Molango y Zacualtipán en tanto que, conocedor de la zona Huasteca, decidió esperar en un buen sitio  a los norteamericanos, a quienes atacó y derrotó en un punto ubicado a las orillas del río Calabozo en Huejutla, el 12 de julio de 1847(9).


(9)Roa Bárcena José María. “Recuerdos de la Invasión Norteamericana” (1846-1848) Editorial Porrúa.  México 1947. Tomo III. Págs. 169 y 170

Otras acciones importantes efectuadas en estos territorios durante la invasión norteamericana fueron las que llevó al cabo el sacerdote español Celedonio Doménico Jarauta, quien había sido capellán del segundo batallón de Infantería comandado por el coronel Arizmendi, y poco después, encargado del hospital de sangre de esa compañía.  Jarauta, formó un pequeño y bien armado ejercito con el que utilizando la técnica de la guerrilla, luchó contra los extranjeros, a los que sorprendió en varios puntos de la Sierra Alta y la zona de los Llanos de Apan, aunque su principal centro de operaciones,  junto con el también sacerdote José Antonio Martínez fue la plaza de Zacualtipán.


(10) Ídem Tomo II. Pág.103

Mientras esto sucedía, Santa Ana, que había salido a combatir al invasor, regresó a la capital de la República con objeto de destituir al Presidente interino  Valentín Gómez Farías, quien al intentar incautar los bienes del clero para sufragar los gastos de guerra, ocasionó el levantamiento de “Los Puros” en contra del gobierno; en su lugar, fue designado como Presidente interino, don Pedro María Anaya, militar nacido en Huichapan, quien se encargó del poder por un lapso de dos meses.
López de Santa Ana fue impotente para detener al invasor, por lo que regresó a la Presidencia y  se refugió en la capital, donde decidió esperar al enemigo. El 20 de agosto de 1847, después de haber derrotado en Padierna a la primera línea del ejército mexicano, los soldados invasores atacaron el convento de Churubusco, paso obligado para llegar a la capital, donde el ejército nacional estaba al mando de los generales Manuel Rincón y Pedro María Anaya. La batalla fue a la vez sangrienta y heroica para los mexicanos. El general Manuel Rincón, murió víctima de la metralla enemiga y Pedro María Anaya resistió sin haber recibido ayuda hasta que se terminaron las balas, no obstante estar gravemente herido. Por esto se dice que cuando fue interrogado por el General Davis Twigs sobre el parque, orgullosamente respondió con la contundente frase “Si hubiera parque no estuviera usted aquí”(11).


(11) Menes Llaguno Juan Manuel y Rivera Marín Guadalupe “Si Hubiera Parque”. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana” México 1993. Pág. 109

 


Churubusco defendido por el gral Pedro María Anaya es atacado por las tropas Norteamericanas.
Litografía de Carl Nebel

 

Todavía los mexicanos combatieron en la   batalla de Molino del Rey donde fueron enviados soldados de la Guardia Nacional de Tula y de Tulancingo, pero también fueron vencidos. Finalmente, el 13 de septiembre de 1847, los defensores del castillo de Chapultepec, cadetes y alumnos del Colegio Militar, fueron aniquilados por tropas extranjeras, que así pudieron entrar en la capital. El 16 de septiembre de 1847, la bandera mexicana no se izó en el Palacio Nacional para conmemorar el grito de independencia.   En su  lugar ondeó  la de las    barras y las estrellas de los Estados Unidos.


Apoderado el ejército norteamericano de la ciudad de México, el gobierno de la República se trasladó a Querétaro, lugar en el que el 12 noviembre de ese año, el Congreso designó nuevamente Presidente Interino, al huichapense  Pedro María Anaya, quien protestó el cargo portando por vez primera en la historia del país la banda tricolor en el pecho, costumbre que ha permanecido entre los presidentes hasta la fecha.


A fin de apresurar la firma de la Paz y el consecuente reconocimiento de los territorios anexados, el 15 de diciembre de 1847 el jefe del ejército norteamericano Gral. Winfield Scott, ordenó  la ocupación militar del país y unos días después el 29 de diciembre de 1847, una columna de unos 600 soldados norteamericanos, al mando del Corl. William T Withers, llega Pachuca alojándose en el Convento de San Francisco. De inmediato se nombró al Corl. Clemens como Comandante general y al propio Withers como gobernador de la plaza, quienes de inmediato ordenaron que toda contribución pagada al gobierno mexicano, se entregara a partir de ese momento a las tropas de ocupación, lo que sucedió hasta la firma de tratado de paz el 2 de febrero de 1848.

 


Gral. Pedro María Anaya

 

 “La ocupación de Pachuca muy pronto se extendió al Mineral del Monte, donde el teniente Jackson y mayor Talliaferro, entraron al poblado junto con una compañía de infantería de Nueva Inglaterra al mando del mayor Lally”(12).


Fue hasta el 4 de marzo de 1848, cuando comenzaron a salir las tropas de Pachuca llevando consigo 121 barras de plata, valuadas en 150 mil dólares, con lo que termina la ocupación extranjera en Pachuca y en el Estado de Hidalgo(13).


El 8 de enero de 1848, el General Anaya, entregó  la presidencia de la nación  al Lic. Manuel de la Peña y Peña, sin haber alcanzado acuerdo en las negociaciones de paz y límites con los invasores, dejando la decisión al nuevo Presidente, quien logra en mayo de ese año la firma del armisticio por el cual se reconoció  como norteamericanos, a los territorios de la Alta California, Nuevo México y Texas, a cambio de quince millones de pesos, entregados al país como indemnización.
Así, se cierra este triste episodio de nuestra historia patria, por el que México perdió más de la mitad de su territorio, mediante una guerra injusta y absolutamente  reprobable.

(12) Herrera Serna Laura. (Coordinadora) “México En Guerra” (1846-1848) Perspectivas Regionales.  Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Museo de las Intervenciones. Capitulo XV Daniel Escorza Rodríguez “La Ocupación norteamericana en Pachuca y Real del Monte en 1848. Págs. 366 y 367.

(13)Ídem Pág. 371