El 15 de diciembre de 1847 el jefe del ejército norteamericano Gral. Winfield Scott, ordenó  la ocupación militar del país y unos días después el 29 de diciembre de 1847, una columna de unos 600 soldados norteamericanos, al mando del Corl. William T Withers, llega a Pachuca alojándose en el Convento de San Francisco.

 

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Julián Villagrán frente a la muerte de su hijo

 

Julián Villagrán frente a la muerte de su hijo

 

La imagen tanto de Julián Villagrán como la de su hijo el “El Chito”, héroes del movimiento que conquistó la independencia nacional a principios del siglo 19, ha sido motivo de los mas contradictorias opiniones, las mas, en contra,  aunque las favorables siendo menos se construyan con mejores argumentos. Entre las primeras se encuentran los comentarios de Lucas Alamán y de Carlos María Bustamante, ambos no solo testigos directos sino aún más, actores en muchos de los acontecimientos de la Guerra de Independencia, el primero, los califica de insubordinados y en muchos casos hasta de traidores a la causa, el segundo los considera funestos auspiciadores de los delitos mas crueles.  

 
Una de las 77 estatuas que se encuentra a lo largo del Paseo de la Reforma de la ciudad de México, es la del héroe de la Independencia Julián Villagrán, personaje contradictorio a luz de la historia.

 

Entre los autores que se pronuncian a favor están don Francisco Sosa (autor de las biografías de las estatuas del Paseo de la Reforma de la ciudad de México) y don Moisés González Navarro, quienes a la luz de serenidad que brinda el paso del tiempo por los hechos, ponderan en su exacta dimensión la figura de Julián y Chito Villagrán, a quienes consideran como el brazo fuerte de la Junta de Zitácuaro en la región de Huichapan-Querétaro, donde logran importantes triunfos y ponen en verdadero jaque al gobierno virreinal.

A pesar de haber transcurrido doscientos años, la polémica en relación con los Villagrán continúa, sin embrago, independientemente de todo criterio en contra o en favor, es necesario ponderar los servicios que Villagrán brindaron al movimiento independista, al contribuir al aislamiento de la ciudad de México, apoderándose, intermitentemente del camino principal que unía a la capital del virreinato con norte y el Golfo de México, ello, en momentos cruciales para el movimiento insurgente.

Por otra parte, debe agregarse que si bien existen de su parte insubordinaciones, muchas de carácter grave, estas deben interpretarse en su exacta dimensión, pues  tanto Julián como su hijo Chito, carecían de una formación militar que les permitiera imponer las mas mínima disciplina a sus hombres y su liderazgo como el de otros muchos caudillos insurgentes, se fincó en la generosa y hasta exagerada libertad que otorgaron a sus tropas formadas de campesinos e indígenas pobres y desposeídos, para hacerse mediante el odioso botín de todo objeto que pudiera sustituir la paga de sus haberes, lo que mucho desagradaba a Alamán y a Bustamante.

Hay sin embargo entre muchos, un hecho que pinta bien la personalidad de Julián Villagrán el “Viejo”: el 12 de mayo de 1813, Huichapan es tomada por el realista Pedro  Monzalve, en ese momento el “Chito Villagrán” enfrenta con poco éxito el sitio de la plaza. Parapetado con un reducido grupo de hombres en el fortín que habían construido ex profeso como bastión para las tropas insurgentes,  se percata de la desbandada de muchos de sus hombres, desesperado, intenta detenerlos, pero no solo fracasa, sino que queda al descubierto y a merced de las tropas realistas. En el camino al templo del Calvario, es perseguido y no obstante que a fin de disuadir a quienes les seguían, se dice, arrojaba puñados de onzas de oro, fue alcanzado y hecho prisionero.

Monzalve trató de aprovechar la prisión del “Chito”, para lograr que su padre depusiera las armas y al efecto envió a Julián un documento suscrito por el propio Chito, en el que le manifestaba que si se presentaba con sus armas, su gente y entregaba el pueblo de Zimapan, ambos, padre e hijo, serían indultados. Pero Julián rehusó la propuesta y “Chito” fue fusilado en los muros de su propia casa en Huichapan el 14 de Mayo de 1813.

La tradición señala en Huichapan, sin ser comprobable desde luego, que don Julián al recibir la misiva de Monsalve, por la cual se le ofrecía el indulto y con él, la vida de su hijo a cambio de deponer las armas, dijo al oficial realista que le entregó el documento: “Di a esos señores que no soy tan ……….. inocente, ni tan niño para creer en la garantía que me proponen, porque demasiado se, que en cuando lleguen a agarrarme me fusilaran por lo muchos daños que les he hecho; y en cuanto a mi hijo, que lo decapiten; mujeres hay muchas para tener hijos y patria solo tengo una.”                                                                

La dureza de la frase de Villagrán da idea del tamaño de su entrega y fidelidad al movimiento de independencia; es un padre que renuncia a salvar la vida de su hijo, pero también la de un hombre que no cree en las prerrogativas que le ofrecen. Por otro lado sus palabras son producto de las tradiciones misóginas de una época, en la que la mujer era tratada de manera peyorativa, mas como señalará Francisco Sosa,  esta actitud revela los anhelos de un hombre que desea conquistar una patria libre de desigualdades e injusticias.  

Pachuca Tlahuelilpan Abril de 2009