El 15 de diciembre de 1847 el jefe del ejército norteamericano Gral. Winfield Scott, ordenó  la ocupación militar del país y unos días después el 29 de diciembre de 1847, una columna de unos 600 soldados norteamericanos, al mando del Corl. William T Withers, llega a Pachuca alojándose en el Convento de San Francisco.

 

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LA INDEPENDENCIA: ENTRE LA AUTONOMIA Y LA LIBERTADª.

Si bien la historia es una línea de tiempo, su trazo no es necesariamente recto o curvo y siempre permanente; la línea de la historia combina rasgos, pero ante todo se interrumpe en momentos cruciales, mediante rupturas que suspenden la inercia de los acontecimientos de épocas o periodos y luego restaura la marcha del tiempo, renovando o transformando los trazos. En este contexto de ideas, la historia de México es un línea de pliegues que registra al menos cuatro rupturas importantes: la Conquista, que irrumpe y colapsa a la sociedad prehispánica; la Independencia que se vuelca  en contra del largo periodo de la dominación Española, para lograr una forma soberana de vida; la Reforma, considerada como la gran reacción contra la hegemonía del clero  Católico y  finalmente, la Revolución de 1910, que rompe todo nexo con el “antiguo régimen”  y remueve las bases sociales después del periodo porfirista.  

 

En el caso que nos ocupa, la guerra de independencia de la Nueva España, es, como señalara reiteradamente Octavio Paz un movimiento “sui generis”, y no obstante originarse al mismo tiempo que los emprendidos en Sudamérica contra España, el nuestro, resulta enteramente distinto. En efecto, en tanto que las Revoluciones de Independencia sureñas, son encabezadas por criollos, representantes de la  aristocracia feudal nativa* como lo fueron Simón Bolívar, José de San Martin o Antonio José de Sucre, en México, el movimiento tiene, connotaciones de reivindicación social, fundamentalmente de orden agrario, de allí que se sumaran a él,  campesinos sin tierra o indígenas oprimidos, encabezados por sacerdotes como Hidalgo o Morelos o bien por lideres regionales urgidos de cambios en el tradicional sistema de administración pública virreinal y, en tanto que en América del Sur los movimientos se definen desde un principio como ruptura en contra de la metrópoli, aquí se vacila entre la búsqueda de una autonomía moderada (Hidalgo)  y la libertad plena (Morelos).


ª Tomado del Libro “La Independencia en el Hoy territorio del Estado de Hidalgo”  de Juan Manuel Menes Llaguno, Coronista del Estado de Hidalgo, obra por publicarse

 * Paz Octavio. “México en la Obra de Octavio Paz” Editorial Fondo de Cultura Económica. Letras Mexicanas Segunda edición. México 1989. T. I. Pág. 191. 


Hidalgo paladín de un movimiento popular reivindicatorio

Otra condición que distingue al movimiento insurgente novohispano, es la gran diferencia ideológica suscitada entre la primera fase (1810-1816) y la etapa final (1816-1821), en la que se consumó la independencia; la primera, es enteramente popular y animada por los principios ideológicos surgidos de la protesta contra los abusos del poder;  en tanto que la segunda, divorciada ya de los ideales de los grandes caudillos, pasa a ser un mero trámite de legitimación para que los propios peninsulares radicados aquí, rechazarán o al menos retardaran la implantación del principio de igualdad contenido en la Constitución de Cádiz,  que como parte del movimiento ideológico universal había surgido de las ideas liberales tanto de la Revolución Francesa, como de la Independencia de los Estados Unidos, lo que indiscutiblemente les permitió continuar con sus privilegios.


En este contexto, la primera etapa del movimiento resultó ser una gran revolución intestina, cuya lucha tendía, más que a lograr la independencia, a conseguir una serie de reformas que modificaran la actitud del gobierno Español en América, de allí las arengas de Hidalgo: ¡Viva América!, ¡Muera el mal gobierno¡ y los decretos que abolieron la esclavitud, ordenaron la extinción del papel sellado, acabaron con los tributos alcabalatorios y los que establecieron diversas medidas a fin de reconocer el goce exclusivo de las tierras comunales para los indios, mas todo ello, no significó rompimiento alguno con la metrópoli, ni mucho menos con el pasado colonial. 


De todo lo anterior se deriva la conformación de ejércitos numerosos, como el integrado por Hidalgo,  que en menos de 10 días alcanzaba una cantidad inmanejable, compuesto fundamentalmente de campesinos desposeídos e indígenas inconformes con su situación social y económica y a ello se debió también,  la incorporación de hombres y grupos que buscaban más  que una reforma al gobierno existente,  la búsqueda de otro independiente y distinto al Español, entre estos últimos, se encuentran los caudillos de las hoy regiones hidalguenses, de Huichapan y Apan.


Debe también valorarse el gran trasfondo religioso del movimiento independista, que al amparo y significación de la imagen de la virgen de Guadalupe, legitima el levantamiento iniciado por Hidalgo e impulsa al que encabezara Morelos, sin el cual, hubiese sido imposible obtener la gran respuesta popular que alcanzó en pocos días la revolución y de allí también la participación de sacerdotes de distintos lugares de la hoy geografía hidalguense que pronto sumaron importantes contingentes al movimiento.


Finalmente es fundamental como señala Luis Villoro, observar las grandes paradojas del movimiento de independencia mexicano,  “pues nos encontramos con que muchos de sus precursores, se transforman en sus acérrimos enemigos en el instante mismo en que estalla; con que no consuman la independencia quienes la proclamaron sino sus antagonistas”2 de allí que resulte una tarea harto difícil, el interpretar a la revolución independista como un movimiento maniqueo en el que solo se enfrentan dos tendencias políticas o ideológicas,  se trata más bien de identificar el enfrentamiento de distintos grupos, cada uno caracterizado por diferencias de fondo y origen y por los diversos objetivos perseguidos.
Esta compleja situación se refleja de manera sustancial, en los diversos pasajes de la historia regional del hoy Estado de Hidalgo, teatro de importantes acontecimientos y detonadores de los grandes cambios y transformaciones que experimenta la revolución de independencia, sobre todo en los primeros años, de allí la  importancia y trascendencia de estudiar a fondo este periodo de nuestra protohistoria como entidad del pacto federal. 

2 Villoro Luis. “El proceso Ideológico de la Revolución de Independencia” Secretaria de Cultura del Gobierno del Distrito Federal. México 2003. Pág. 19.